Mi hermana no se veía en un vestido de novia tradicional. Quería uno que hablara de ella, de su propia historia.
Vino con la confianza más grande: “Haz lo que quieras conmigo”. No había dudas, porque nos conocemos la una a la otra, más que a nosotras mismas.
En las mangas, escondimos un secreto: el encaje del camisón de nuestra abuela, el que llevó en su noche de bodas. Y desde ahí empezamos a jugar. A transformar la tradición en un vestido de novia único, cargado de historia y de emoción.
Yo disfruté este proceso incluso más que el de mi propio vestido. Me resultaba más fácil mirarla a ella desde fuera que mirarme a mí. Y fue emocionante verla transformarse, acompañarla y admirarla.
Gracias, hermana, por tu confianza ciega. Gracias por dejarme crear contigo un vestido de novia que será siempre recuerdo y presente.