Grounded

Álex llegó con las ideas claras y la confianza plena de quien sabe exactamente dónde quiere estar.
 Quería que fuera yo quien creara su traje, y desde ese primer gesto todo fluyó con naturalidad.

Juntos jugamos con los tonos, y el forro. Su mirada abierta y su sensibilidad hicieron que el proceso fuera más que diseño. Fue complicidad.

Y esa conexión fue tan genuina que, sin buscarlo, se sumó su futura mujer. Le hice también su vestido, y de pronto todo cobró aún más sentido.
Me apetecía no romper su conexión e hice que ambos looks compartieran tejido. La camisa de él y la parte superior del vestido de ella estaban hechas en cupro, un material que reutiliza restos de la industria del algodón. Una elección consciente y poética.

El resultado fueron dos prendas distintas, un mismo lenguaje.

Una conexión que se vistió de color, de coherencia y de amor.

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