Vestir a un artista urbano es entrar en un universo donde el color tiene voz propia. Un proceso que se convierte en arte compartido.
Desde el primer encuentro supe que el proceso sería distinto. No se trataba solo de diseñar un traje, sino de traducir su mirada a un tejido y a unas formas. Su manera de mirar la mundo y encontrar belleza en todos lados, se convirtieron en inspiración.
Juntos exploramos combinaciones, matices y texturas hasta dar con algo que respirara autenticidad.
El resultado fue un traje que no buscaba pasar desapercibido. Una pieza pensada para alguien que entiende que el color no se lleva, se habita.